Historia de paciente: Corinna, 42

Historia de paciente: Corinna, 42

"He luchado contra la depresión durante más de dos tercios de mi vida. He pasado la mayor parte de mi vida luchando contra mis demonios y convenciéndome de que me quedara, para seguir luchando.

«No pareces una suicida». Recuerdo estas palabras de un profesor después de haberle dicho que tenía pensamientos suicidas. Recuerdo que a los 14 años me sentía avergonzada y confundida. ¿Cómo se suponía que debía parecer? ¿Frágil, con un frasco de pastillas en una mano y una nota de suicidio en la otra?

No me diagnosticaron hasta los 25 años. Cuando nació mi hijo, mi depresión postparto y mi depresión diaria se fusionaron y casi lo pierdo. Siempre fue mi sueño ser una madre feliz en casa, y sin embargo me sentía peor cada día. Adelgacé y tenía un insomnio grave.

Dediqué toda mi energía a cuidar a mi bebé incluso aunque no pudiese funcionar más allá de mis tareas de crianza. Pero mi hijo me salvó la vida. Es el motivo por el que me levanto todos los días. Prefiero que me vea combatir a mis demonios que pensar que incluso una parte de mi sufrimiento se debe a él.

Hace un año y medio decidí abandonar. Pude sentir como volvía a mi situación anterior. Había días que casi me convencía de que mi hijo y mi familia estarían mejor sin mí.

Así que después de acudir a mi psiquiatra, pude volver a avanzar. Una parte de mí siente que he fracasado. Pero sé que no es cierto. Estoy haciendo lo mejor para mí y mi familia y gracias a eso me siento mejor.

Quiero seguir esforzándome para ser independiente. Pero hasta entonces, tengo que hacer lo que tengo que hacer. Paseando al perro, cocinando y con mis increíbles amigos y familia, sé que voy a estar bien."

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