Tratamiento

Tratamiento

El tratamiento de la artritis psoriásica suele variar en cada paciente, ya que depende en gran medida de la enfermedad psoriásica y de otras enfermedades relacionadas que padezca, pero su principal fin es controlar la inflamación generalizada, disminuyendo así el dolor y las lesiones cutáneas y articulares.[1]

Normalmente, se opta por combinar tratamiento farmacológico (antiinflamatorios, corticoesteroides, terapias biológicas…) y no farmacológico (deporte, cremas específicas, manejo del estrés, etc.). En determinadas situaciones de afectación grave de la enfermedad, puede ser necesario recurrir a la cirugía.

Importancia del tratamiento

Tratamiento farmacológico

Existen diferentes grupos de fármacos que pueden ser útiles en el tratamiento de la artritis psoriásica:

Antiinflamatorios no esteroides (AINE)

Inhiben las prostaglandinas, que son sustancias que median el proceso inflamatorio. No se recomiendan para largos periodos de tiempo, ya que pueden afectar a la mucosa gástrica.[2]


Aunque a menudo se confunden, los analgésicos no son antiinflamatorios, ya que no actúan directamente sobre la inflamación. Sin embargo, los analgésicos también pueden recomendarse si el paciente no puede tomar antiinflamatorios o si el médico considera que ayudarán a controlar mejor el dolor.[1]

Corticosteroides

Actúan sobre la inflamación de manera efectiva. Se administran por vía oral o mediante inyecciones dentro de las articulaciones.


Aunque pueden ser de gran utilidad, han de administrarse en la menor dosis y durante el menor tiempo que sea posible, ya que pueden causar efectos adversos como osteoporosis, diabetes, facilidad de que se produzcan hematomas, adelgazamiento de la piel, predisposición a infecciones e incluso rebrotes de psoriasis cuando se retira su uso.[1]

FAME sintéticos tradicionales

Los fármacos modificadores de la enfermedad (FAME) son un grupo diverso de medicamentos que pueden reducir e incluso a veces suprimir la actividad inflamatoria de la artritis psoriásica, mejorando los síntomas tanto articulares como de la piel de los pacientes.[1]

FAME biológicos

Son fármacos que evitan que el sistema inmunitario cause inflamación. Son muy efectivos para mejorar las manifestaciones articulares y cutáneas. Sin embargo, suelen emplearse cuando la enfermedad no se puede controlar con los fármacos de primera elección. [3]


Como actúan modulando el sistema inmunitario, puede verse elevado el riesgo de padecer infecciones, por lo que es necesario consultar con el médico si aparecen síntomas como fiebre, dolor de garganta, escalofríos o tos.[1]


Se pueden administrar de diversas maneras, la mayoría por vía subcutánea (que se puede inyectar el paciente), aunque también puede hacerse por vía intravenosa en algunos casos. [1]

Inhibidores JAK

Este tipo de fármacos está teniendo un creciente papel en el tratamiento de enfermedades inflamatorias cutáneas como la psoriasis o la dermatitis atópica. Su principal función es modular de manera selectiva el sistema inmunitario.[4]

Cirugía

Es probable que la mayoría de las personas con artritis psoriásica nunca tengan que someterse a cirugía. Sin embargo, esta puede recomendarse en determinadas situaciones graves para reparar o reemplazar algunas articulaciones muy dañadas.[1]


Es posible que algunos médicos recomienden la intervención quirúrgica antes de que el paciente sufra un deterioro severo. Se tendrán que considerar tanto los beneficios como los riesgos de la operación.

Otros tratamientos

Además del tratamiento farmacológico, es importante que el paciente trate de llevar un estilo de vida saludable, y que su médico le inste a ello. Realizar ejercicio, mantener bajo control factores de riesgo, dejar de fumar… El tratamiento no farmacológico es tan importante como ser constante con los medicamentos recetados.[3]

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Referencias

José Luis Santos y Luis Javier Sanz (coord.), Psicología clínica. (Madrid: CEDE, 2014), 259.
José Luis Santos y Luis Javier Sanz (coord.), Psicología clínica. (Madrid: CEDE, 2014), 247-249.
José Luis Santos y Luis Javier Sanz (coord.), Psicología clínica. (Madrid: CEDE, 2014), 251; 254.
José Luis Santos y Luis Javier Sanz (coord.), Psicología clínica. (Madrid: CEDE, 2014), 258.
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