¿Qué es la depresión mayor?

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El trastorno depresivo mayor, el más grave de los tipos de depresión, puede aparecer a cualquier edad, aunque su inicio es más frecuente en la edad adulta.
Que es la depresión mayor

El trastorno depresivo mayor supone la mayoría de los diagnósticos de depresión en España, con una prevalencia aproximada del 4%.

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Según el DSM-5, este trastorno se caracteriza por un estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, y por un amplio abanico de síntomas que incluyen los pensamientos de muerte recurrentes, en algunos casos, incluso con un plan específico para llevar a cabo el suicidio.
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Normalmente, este estado de ánimo deprimido se desprende tanto de cómo se siente la persona (triste, vacía, sin esperanza) como de lo que pueden observar los demás (a través de su expresión facial; pueden verle lloroso, por ejemplo).

El estado de ánimo deprimido y la incapacidad de sentir placer debe mantenerse un período de tiempo de al menos dos semanas.

A partir de ese momento, el curso del trastorno es bastante variable. Algunos pacientes apenas presentan remisiones (si es que las presentan), mientras que otros permanecen durante muchos años con pocos o ningún síntoma entre episodios. El tiempo promedio para la recuperación parece ser estable en largos periodos de tiempo, y la probabilidad de entrar en un episodio, en general, ni aumenta ni disminuye con el tiempo.

El trastorno depresivo mayor puede aparecer por primera vez a cualquier edad, pero es más probable que se inicie en la edad adulta, habitualmente a partir de los 30 años. Sin embargo, no es infrecuente que se inicie por primera vez en la vejez.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión mayor?

El deterioro del trastorno depresivo mayor puede ser muy ligero, de tal forma que muchas personas del entorno del paciente no sean conscientes de sus síntomas depresivos.

Sin embargo, el deterioro puede llegar hasta la incapacidad completa, hasta el punto de que el paciente deprimido sea incapaz de atender sus necesidades básicas de autocuidado.

Habitualmente, los pacientes con trastorno depresivo mayor tienen más dolor, más enfermedades físicas y más disminución del funcionamiento en las áreas física, social y personal.

Cuando una persona tiene depresión mayor, presentará algunos o todos estos síntomas:

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva (por ejemplo, se siente triste, vacío, sin esperanza) o de la observación por parte de otras personas (por ejemplo, se le ve lloroso).

  • Disminución importante del interés o el placer. Por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días. Sus familiares notan a menudo un mayor aislamiento social o el abandono de los pasatiempos con los que disfrutaban. En algunos pacientes, en comparación con los niveles previos, existe una reducción significativa del deseo sexual.
    • Algunos pacientes se quejan de sentirse “sosos”, sin sentimientos o ansiosos.
    • Muchos están más irritables, irascibles o con tendencia a responder exageradamente ante acontecimientos menores. Esta característica es típicamente común en niños y adolescentes.
    • Otros enfatizan las quejas somáticas, como dolores.

  • Pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso. Esta alteración puede cuantificarse, por ejemplo, en una modificación de más de un 5% del peso corporal en solo un mes. Algunos pacientes deprimidos refieren que tienen que forzarse para comer. Otros pueden comer más y pueden tener ansia por determinadas comidas, como dulces u otros hidratos de carbono.

  • Insomnio o aumento de las horas de sueño casi todos los días.
    • Cuando existe insomnio, normalmente se presenta como un insomnio medio, es decir, el paciente se despierta a lo largo de la noche y encuentra dificultades para volverse a dormir. También puede existir insomnio precoz, teniendo dificultad para quedarse dormido.
    • Los pacientes que presentan un exceso de sueño (hipersomnia) pueden presentar períodos de sueño prolongado durante la noche e incluso durante el día.

  • Agitación o enlentecimiento motor aparente y fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
    • Agitación: incapacidad para sentarse y estar quieto, caminar de un lado a otro, retorcerse las manos, o tocarse o frotarse la piel, la ropa u otros objetos. Observable por otras personas.
    • Ralentización: discurso, pensamiento y movimientos corporales enlentecidos, aumento de las pausas antes de contestar, hacerlo en voz muy baja, con pocas palabras o incluso con mutismo.
    • Fatiga mantenida, incluso sin haber realizado ningún esfuerzo físico. Incluso las tareas más pequeñas parecen requerir un esfuerzo considerable.

  • Sentimiento de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada casi todos los días. Es muy frecuente que el paciente se culpe a sí mismo de estar enfermo y de fracasar en sus responsabilidades laborales o interpersonales a consecuencia de la depresión. También suelen darse:
    • Evaluaciones negativas y fuera de la realidad de la propia valía, preocupaciones de culpa y rumiaciones sobre pequeños errores del pasado.
    • Exagerado sentido de la responsabilidad.
    • Interpretaciones delirantes. Por ejemplo, el paciente está convencido de que es personalmente responsable de la pobreza en el mundo.

  • Posibles síntomas psicóticos, tales como delirios de culpa, de ruina o hipocondría, así como alucinaciones auditivas (escuchar voces que le atacan) o visuales (por ejemplo, ver familiares fallecidos).

  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o para tomar decisiones, casi todos los días. Tienen facilidad para distraerse o se quejan de problemas de memoria. Si realizan actividades con una gran demanda cognitiva son, a menudo, incapaces de llevarlas a cabo.
    • En los niños, esta circunstancia puede manifestarse con un descenso abrupto de las notas.
    • En ancianos, las dificultades de memoria pueden confundirse con los signos precoces de una demencia. Otras veces, un episodio depresivo mayor puede ser a veces la presentación inicial de una demencia irreversible.

  • Pensamientos de muerte recurrentes. No se trata solo del miedo a morir, sino de ideas suicidas recurrentes, incluso con un plan específico para llevarlas a cabo. También pueden incluir un deseo pasivo de no despertarse por la mañana o la creencia de que los demás estarían mejor si uno estuviese muerto.

¿Existen factores predisponentes a sufrir depresión mayor?

Existen algunas circunstancias que aumentan la probabilidad de desarrollar una depresión mayor. Como ocurre en otros tipos de trastornos depresivos, el temperamento negativista es un factor de riesgo bien establecido para el inicio de la enfermedad. En especial, como respuesta a los acontecimientos vitales estresantes. Se caracteriza por mostrar actitudes de oposición, estado de ánimo irritable, desprecio e incomprensión de los demás o hacia la autoridad.

Por otra parte, los acontecimientos adversos en la infancia, especialmente cuando son múltiples experiencias de diversos tipos, constituyen un potente conjunto de factores de riesgo de contraer un trastorno depresivo mayor.

Además, la genética interfiere también en las probabilidades de desarrollar un trastorno depresivo mayor. De hecho, los familiares de primer grado de los pacientes con trastorno depresivo mayor tienen un riesgo de 2 a 4 veces mayor que el de la población general.

Por último, cabe destacar las enfermedades médicas crónicas o discapacitantes, que también aumentan el riesgo de episodios de depresión mayor. Estas patologías prevalentes, como la diabetes, la obesidad mórbida y la patología cardiovascular, se complican a menudo con episodios depresivos que pueden volverse crónicos.

Referencias

Fernando Cardila et al., “Prevalencia de la depresión en España: Análisis de los últimos 15 años”, European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education 5, n.º 2 (2015): 267-279. (Último acceso: octubre de 2021).
Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), 5. ª ed. (Madrid: Editorial Médica Panamericana, 2016), 165-166.
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